>Ante un lleno total, se presentó el colorido espectáculo multidisciplinario en el Teatro Ricardo Castro.
Por Juan José Nava / La Voz de Durango
Ni el frío de la mañana detuvo a la catrina, que este miércoles 28 de octubre decidió cambiar el panteón el Teatro Ricardo Castro para llevar a cabo el espectáculo “Los Muertos están de Fiesta”.
Con el humor, la picardía y el color que solo los mexicanos sabemos imprimirle a la eternidad, la Compañía Artística Nellie Campobello y el Centro Cultural La Catrina celebraron a lo grande dos décadas de trayectoria con el espectáculo multidisciplinario ante un recinto prácticamente abarrotado de asistentes, especialmente, por niños de nivel primaria que disfrutaron de un gran espectáculo.
Enmarcada por aromas a cempasúchil, faldas al vuelo y la imponente presencia de catrines y catrinas, la puesta en escena demostró que en México la muerte no se llora: se baila.
Bajo la producción artística de la maestra Verónica del Rocío Villarreal y la dirección general de Arlenne Paloma Román Villarreal, este montaje —fundado en 2004— logró cautivar a chicos y grandes mediante un recorrido histórico tan dinámico como entrañable.
El viaje cultural comenzó con las solemnes ofrendas y rituales de las antiguas culturas maya y azteca, para después avanzar a galope limpio por las estampas de la Revolución Mexicana, transportando a la tierna nostalgia de la época de Cri-Cri y encender los ánimos con los vibrantes acordes del Rock and Roll, hasta llegar a la época contemporánea.
Lo que distingue a este clásico duranguense es su constante renovación; en cada temporada, el libreto, la música y las coreografías se transforman para ofrecer una experiencia fresca que honra la memoria sin perder su esencia tradicional.
En esta edición, se hizo énfasis en un problema latente como la desaparición impetuosa de los seres amados, por lo que, durante la puesta en escena, las madres buscadoras a través de una portavoz, hacen presencia alzando su pesar para hacer conciencia de su incansable labor que no debe quedar relegada u olvidada, ya que es una ventana de tiempo en el que la catrina juega un papel importante por esa incertidumbre que suspende el proceso tradicional de duelo y coloca a los familiares en un estado permanente entre la vida y la muerte.
Con la ironía y la picardía a flor de piel, la obra recordó que los altares no solo son de reverencia, sino también de gozo.
Entre aplausos ensordecedores y un público entregado de principio a fin, la función matutina cerró con broche de oro, confirmando que en el corazón de Durango las tradiciones siguen vivas, vibrantes y, sobre todo, listas para sacar brillo a la pista. Porque aquí, los muertos siempre vuelven… ¡pero a bailar!.

