de su séptimo disco de estudio en solitario.
Agencias
Lady Gaga avisó al inicio de su nueva era que la categoría era «bailar o morir» y después de elegir tantas veces la primera, era el momento de presenciar lo segundo para despedirsu disco MAYHEM a través de un concierto documental en el que simula un descenso a los infiernos.
La estrella estadounidense presentó para Apple Music Live MAYHEM: Requiem, una reinterpretación de su séptimo disco de estudio en solitario, cuyo adelanto ofreció de manera exclusiva en un encuentro íntimo el pasado 14 de enero en la sala Wiltern de Los Ángeles y al que estuvo invitado EFE.
Vestida de luto y ocultando su rostro bajo un velo frente a un escenario de columnas destruidas, Gaga apareció en escena como la suma sacerdotisa para ofrecer un espectáculo inéditoen forma de rito funerario.
Sin dejar atrás sus atuendos estrafalarios, pero alejada de sus coreografías frenéticas, Gaga versionó las canciones que componen MAYHEM al son de ritmos experimentales que recordaban a grupos como Daft Punk.
Este nuevo ADN bebió de influencias del metal industrial, alejando el show de cualquier estructura convencional de concierto que acostumbra a seguir Gaga, con solo cinco músicos acompañándola sobre el escenario entre sintetizadores y un órgano de iglesia.
Gaga alternó instrumentos clásicos con efectos electrónicos para convertir el espacio en un templo dedicado a la introspección más profunda del dolor en temas como «Desease» el aclamado «Abracadabra».
A diferencia de sus giras mundiales, la puesta en escena que ofreció fue más estática, simulando una ópera profanada en la que solo los juegos de luces daban dinamismo a una Gaga que se movía en el espacio para tocar instrumentos, cantar y acompañar a los músicos.
En el tramo final de este íntimo concierto, el luto se transformó en un casco metálico futurista con la mezcla de la balada «Die With a Smile» con un sonido de electrónica nocturna.

