- “El alpinismo exige una preparación física y mental a toda prueba, que si bien es peligroso, con precauciones y respeto a la naturaleza, te lleva a lo más alto de espiritualidad y compañerismo”.
Por Gustavo Stenner / La Voz de Durango
“El alpinismo es un deporte extremo, que exige una preparación física y mental a toda prueba, que si bien es peligroso, con precauciones y respeto a la naturaleza, te lleva a lo más alto de espiritualidad y compañerismo”, así se expresó Alejandro Martínez de la Torre, duranguense, egresado del Colegio Guadiana-Lasalle, quien junto con otro duranguense Alonso Silva de la Peña, y dos regiomontanos, los primos Miguel y Brandon Guajardo ascendieron en la madrugada del domingo próximo pasado, la cumbre del Pico de Orizaba, el Citlaltépetl, la cumbre más alta del territorio mexicano con 5636 metros de altitud SNMM.
“El ascenso fue meditado muy bien técnicamente. La primera noche dormimos en el campamento de la Piedra Grande a 4200 metros de altitud. La idea era acostumbrar al cuerpo y a la respiración a la presión de la altitud”, confirma Alejandro, de 28 años de edad, quien se inició en la escalada en las montañas regias de la Huasteca y Monterrey donde inició su pasión por este deporte.
Los cuatro amigos hicieron la segunda noche a 4700 metros de altitud, un poco más alto de lo exigido de 4500 para lograr la perfecta armonía de fuerza y mente y alcanzar la cumbre, cosa que hicieron en la madrugada del domingo 13 de marzo a las 4:30 horas cuando alcanzaron los 5636 metros del volcán.
Alejandro narra al reportero que un equipo de alpinismo es costoso y puede llegar a costar arriba de los cien mil pesos. No es lo mismo que la escalada porque en el alpinismo las cimas son más verticales y están cubiertas de nieve. También revela que el año pasado intentaron el ascenso, pero a los 5 mil metros hubo un compañero que sufrió el llamado “mal de montaña” que si no se atiende con prontitud y conciencia, puede conducir a una embolia cerebral y a la muerte.
El consumo de azúcares y carbohidratos es una obligación para mantener al cuerpo con vitalidad y energía, pues a esas alturas, la demanda de calorías es alta, dice.
“Me la pasé comiendo dátiles, líquidos, barritas de granola fortificadas y panditas”, agrega.
Después de este reto cumplido, vendrán otros-afirma- posiblemente el Aconcagua, la cima más alta de la América Latina, termina.

