Ideario

Por Azu Macías

Deshonestidad…  “Nunca quise”, “No pude evitarlo”, “No era mi intención dañar a nadie”, entre otras frases que se pronuncian cuando alguno de los miembros de una pareja ha introducido a un tercero dentro de la relación, lo que generalmente parece ser una sorpresa para el otro cuando se da por enterado y comienza la retahíla de emociones desagradables: enojo, decepción, tristeza, angustia bajo el ataque de preguntas incesantes al otro y a uno mismo: ¿Por qué me hizo esto? ¿es que ya no me ama? ¿qué me faltó?

Muchas de las ocasiones las parejas ni siquiera llegan a encuentros comprometedores en el ámbito físico o sexual, se les encuentran mensajes con otra persona con la que parecen compartir una unión íntima de complicidades, pero a quien se siente traicionado parece dolerle igual que cuando el encuentro sexual ya se dio: ¿cuántas veces se vieron? ¿disfrutaste estar con la persona más que conmigo? Más y más dudas que parece que desgastan la relación, pero en la mayoría de las ocasiones la relación se encontraba desgastada desde antes de la introducción de una tercera persona.

¿Cómo es eso? Con el paso del tiempo algunas parejas pueden distanciarse tanto que aunque su relación sea cordial, el espacio que queda entre ambos es suficientemente amplio para introducir a un tercero que comienza por ser algún pasatiempo que consume más tiempo del que se dedica a la pareja o el trabajo excesivo sin ganas de regresar a casa, cuerpos a lados extremos de la cama como si esos seres compartieran un espacio físico, pero hubieran dejado de compartirse a sí mismos con el otro y a su verdadero ser comenzando a ser deshonestos.

Es esa deshonestidad inicial la que va conduciendo lentamente a distanciarnos y finalmente permitir que algo o alguien más pueda tener entrada en la intimidad: dejamos de compartir nuestros miedos, nuestras inquietudes y hasta nuestras alegrías; permitimos cosas que no nos gustan para no parecer mala pareja o cedemos en exceso para evitar problemas de forma que cada vez se nos olvida más qué nos gustaba en realidad. Todos cedemos un poco en la relación de pareja y es parte de decidir al tomar acuerdos entre dos seres con historias y costumbres distintas que decidieron compartir su camino.

Entonces dejamos de ser fieles a nosotros mismos al dejar de comunicarnos, de decir quiénes somos porque ese ser se va modificando y correspondería actualizarnos constantemente (como los celulares) para saber si al igual que las aplicaciones seguimos siendo compatibles con el otro, la dificultad es ¿cómo puede resolverse lo que no se dice con claridad? ¿cómo puede hacer algo el otro si no ha recibido una retroalimentación precisa de nuestras necesidades, inquietudes y deseos reales? ¿cómo no sentirse ahogado si se siente que solo hay una pequeña ventana por la que podemos mostrar a nuestro ser para que el otro no se sienta ofendido?

Evidentemente que muchas y diversas son las causas, que cada historia en cada pareja es única e irrepetible, es verdad, pero el tema de la deshonestidad hacia nosotros mismos y nuestra dificultad para comunicar quiénes somos al compañero, pudiera ser una de las vías de investigación cuando se intenta resolver una cuestión de estas en la que queda asumir  que para que quepa un tercero, se necesita un espacio.

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