Ideario

Por Azu Macías

Contemos un cuento… y si da por decir “no soy bueno para contar cuentos” les diré lo siguiente: Nuestra vida es una narrativa de historias contadas y vueltas a contar. Nos relacionamos con nosotros mismos y con los otros a través de las historias que nos contamos. En psicología existen múltiples formas de comprender el comportamiento humano y la identidad, estudié terapia familiar y poco a poco he ido metiéndome más en lo que se conoce como “Terapia narrativa” y es que creo firmemente que todo lo que sucede en nuestra vida puede ser contado como una historia y nosotros somos los narradores, habríamos de preguntarnos ¿hasta ahora qué tipo de historia hemos creado?

Cuando pienso en los eventos pasados de mi vida puedo imaginarme una historia, narrarla a los demás (y a mí misma) y ponerle matices, generalmente me  encuentro contándola con un tono dramático, identificar esto ha comenzado a cambiarme la perspectiva y es que cuando uno identifica el tipo de historia que se cuenta puede comenzar a identificar la interpretación que le da a los eventos que le suceden,  aquello que uno elige solo porque quiere que sigan cabiendo en esa historia que se hace verdaderamente influyente en nuestras vidas.

¿Cómo funciona esto? Bueno, pues si en la historia que yo he decidido contar, la trama es de suspenso o traición, todo lo que ocurra en las relaciones de mi vida que esté por lo menos ligeramente relacionado con ello lo meteré en lo que se conoce como “historia rala o delgada”, comienzo a emplear entonces expresiones delgadas para explicarme el mundo y mis experiencias como: todos los hombres son iguales, ningún hombre sabe ser buen padre, las mujeres son interesadas, siempre me quedo solo, nada de lo que he hecho vale la pena, no existen en realidad los amigos, siempre he sido débil para enfrentarme a la vida, etc.

Se llaman historias delgadas porque son explicaciones breves del mundo que nos hacen desechar todos los acontecimientos que vayan en contra de esa historia (que generalmente sí suceden), los sacamos de la historia; podemos contar y recontarla desde el mismo punto y así nunca cambiará, pero cuando  volvemos a contar la historia desde otra perspectiva, resulta que generalmente tiende a hacerse más “gruesa” más “rica”, porque podemos agregar detalles que antes descartamos y entonces, sin haber cambiado los acontecimientos del pasado, nuestra forma de ver la historia y concebir nuestra vida, cambia.

Nos convertimos en co-creadores no desde la perspectiva de los decretos, sino más bien desde la de un intérprete que comienza a concentrar los conceptos y creencias a través de los cuales comprende su vida y el mundo en el que vive; no hay que borrar, solo reescribir. Hasta aquí parece que hemos llegado a un punto importante de reflexión para preguntarnos ¿lo que creo haber vivido hasta ahora fue absolutamente real o es más bien una interpretación “delgada” de los hechos? Y es que si diariamente nos contamos cuentos de nuestra vida habríamos de decidir a partir de ahora, qué cuento “grueso” podemos contar, qué nuevas escenas aparecen, qué personaje queremos ser… es momento de tomar la pluma y reescribir nuestra historia.

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