Por Azu Macías
La pareja como ser vivo o como objeto… La pareja es una obra de arte, en la que cada miembro aporta sus elementos, esos que los hacen únicos y que aunque un observador externo pueda contemplar solo el artista puede saber (o no) qué quiso expresar con esos trazos, es que lo que sucede al interior de la pareja es algo complejo que no se puede sintetizar a diez pasos para resolver conflictos que funcionen para todos y en todo momento de dificultad. Es que la pareja desde que se conforma no es un elemento estático en el tiempo, tampoco es un objeto, es más bien algo similar a un sistema vivo que va evolucionando, que requiere cuidados y riego o se puede encaminar a perecer.
Posee como todo ciclo de la vida sus etapas y desde su conformación esas dos personas que fueron seres individuales aportan expectativas, ilusiones, miedos, mitos, creencias, fortalezas y carencias todas las cuales conforman una danza en la que ambos bailan. Esto configura un mapa del mundo: esa forma de ver la realidad que la pareja tiene y que se compone de la historia que cuentan de su relación, de la que han ido construyendo ¿coinciden? ¿Han podido crearla juntos o la han construido en su mente por separado de forma que cuando la cuentan el compañero no sabía que el otro tenía esa percepción? ¿Qué reglas hay ahí? Esto conforma lo íntimo de la pareja que incluso ellos mismos se ven incapaces de compartir con eficiencia a un externo, por lo que hay que aprender a ver si danza y bailar con ellos para poder apoyarlos en momentos en qué no ven qué es lo que está atorando a su relación para continuar creciendo y no morir.
En el tiempo actual es común ver a la pareja como un objeto, hemos aprendido que si algo no nos gusta lo podemos cambiar: «Pídalo a su gusto» es el elemento de marketing más usado que ofrece una «experiencia personalizada» que vaya de acuerdo con nuestras necesidades y gustos, pero cuando tratamos de pasar eso al ámbito de parejas encontramos un pero (o varios): al entrar en pareja nuestras necesidades a veces son contradictorias, queremos amor, pero tememos que nos lastimen, queremos intimidad, pero sin perder nuestra independencia, queremos apoyo, pero sin que nos hagan sentir que no podemos solos, entonces el elemento de quitar y ponerle al otro que se escucha en charlas de coaching no funciona del todo, porque la realidad es que hay que asumir que el elegido es una persona imperfecta con contradicciones, igual que yo. Entonces cabría preguntarnos ¿En lugar de pensar qué del otro no me gusta y quisiera cambiarle como si fuera un objeto de arcilla, qué de lo que yo aporto intoxica o hace crecer nuestra relación? Así podemos poner el énfasis en la relación y los cambios que necesita y dejar de ver al otro como objeto.

