Ideario

Por Azu Macías

Amor condicional… desde pequeños aprendimos que el amor “verdadero” es incondicional, lo vimos en las telenovelas y películas, lo leímos en libros y lo practicamos desde nuestros primeros encuentros en la adolescencia y más tarde con la persona a la que decidimos elegir como nuestra compañera de vida. Entonces con el paso del tiempo nos preguntamos por qué la vida en pareja puede tornarse tan difícil en ocasiones por cuestiones tan mundanas y prácticas; puede ser porque parte del amor de pareja es condicional.

El encuentro profundo entre dos personas que pretenden compartir parte del camino (o el camino hasta el final del sendero) es casi mágico (dirían otros que inconsciente, pero no tocaremos ese tema hoy), pues varios factores deben acomodarse: circunstancias, respuestas químicas y biológicas favorables entre ambos cuerpos, historias… esa parte no se puede construir y al principio de la relación nos hace entregarnos de forma incondicional. Esto permite que la relación se profundice y crezca.

Si todo marcha bien, esto se refuerza con la liberación de una serie de sustancias llamadas neurotransmisores como la oxitocina, vasopresina y dopamina, que liberadas cada determinados meses mantienen unidas a las parejas y los hacen desear tener hijos, construir una vida juntos. Tiempo después en esa vida que soñaron tener juntos resultan las dificultades y es que esa parte de la pareja es condicional, variará de pareja en pareja, pero la realidad requiere enfrentarse a cuestiones prácticas que a veces no coinciden, sobre todo al principio del camino.

En mis entrevistas con parejas incluso las más estables suelen coincidir que el primer año de vida en común resultó todo un reto porque implicó ponerse de acuerdo en las cuestiones prácticas y condicionales que de no resolverse pueden llevarlos por caminos separados al enfrentarse a discusiones que los van desgastando emocionalmente: ¿quién se enfrentará a las tareas domésticas?, ¿quién se hará cargo de los niños en la crianza?, ¿seguirán estudiando?, ¿rentarán casa o comprarán una?, ¿saldrán por su cuenta o harán todo juntos?, y uno de los aspectos que menos se hablan y más suelen causar dificultades, ¿quién pagará las cuentas?, ¿a qué nivel económico aspirarán?

Dice Silvia Salinas: “Disfrutamos de la sensación de estar remando juntos en el mismo barco y en igual dirección”, pero el barco da vueltas cuando cada quien rema para un lado distinto. Socialmente se nos enseña a firmar un contrato para establecer el lazo de unión entre una pareja que pretende formar una familia, pero todos los aspectos prácticos que no se hablan entre ellos son los que finalmente terminan llevando a muchos a un proceso de terapia o incluso con el abogado cuando la vida deja de entusiasmar y el encuentro de almas deja de ser un asunto mágico.

Sería bueno que cada cierto tiempo pudiéramos sentarnos con nuestro compañero y actualizar nuestras necesidades, renovar nuestros acuerdos, quitar lo que no funciona más, mantener lo que seguimos disfrutando y que funciona, con el fin de que este encuentro prevalezca y nos haga sentir no solo que vivimos día a día sino que volvemos a sentir bienestar.

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