>El Museo UNES “El Águila Negra” congregó a una nutrida audiencia.
Por Juan José Nava / La Voz de Durango
La marcada influencia de Francia en México no fue solo un fenómeno de la capital, sino que dejó una huella indeleble en estados como Durango. Durante el Segundo Imperio, el territorio duranguense comenzó a recibir a ciudadanos franceses que decidieron establecerse en la región.
En ese tenor, se llevó a cabo la conferencia magistral “La Presencia Francesa en Durango” impartida por el investigador y promotor cultural duranguense Héctor Farhid Martínez Flores, en el patio central del Museo UNES “El Águila Negra”, recinto histórico que registró lleno total en sus instalaciones.
El conferencista abordó la conclusión de forma abrupta de la presencia gala cuando el emperador Napoleón III ordenó el retiro de sus tropas de territorio mexicano para hacer frente a la guerra franco-prusiana, marcando el fin del Segundo Imperio en 1867. Sin embargo, el destino de Francia tomó un rumbo distinto.
Expuso que tras la derrota ante Prusia y el establecimiento de la Tercera República en 1870, Francia se consolidó rápidamente como una de las máximas potencias mundiales. París se alzó como el epicentro cultural y artístico del planeta, celebrando magnas Exposiciones Universales —como la de 1889, donde se inauguró la Torre Eiffel— para presumir al mundo los grandes adelantos tecnológicos, científicos y artísticos de la Guerra Industrial.
EL PORFIRIATO: CUÁNDO DURANGO Y MÉXICO MIRARON HACIA EUROPA
Fue precisamente en este contexto de esplendor galo cuando inició el Porfiriato en 1876. En su afán por sacar a México del atraso y modernizar la nación, el presidente Porfirio Díaz propició la inversión extranjera y volcó sus ojos hacia Francia.
Para el México de finales del siglo XIX, si un país quería ser considerado moderno, debía adoptar el estilo francés. Al igual que en la actualidad se adopta la música, el cine o el idioma de Estados Unidos, en el Porfiriato, Francia dictaba la modernidad. Esta fascinación se tradujo en una profunda influencia en la arquitectura, la gastronomía, la moda y las costumbres que aún hoy pueden rastrearse en el patrimonio histórico de Durango.
Martínez Flores dio a conocer que la llegada del ferrocarril a Durango en 1892 fue el catalizador que transformó a la ciudad de un pequeño asentamiento colonial a un núcleo cosmopolita. El tren detonó una profunda influencia francesa durante el Porfiriato que abarcó desde la arquitectura y la moda hasta la gastronomía y los negocios locales.
La huella más imponente que dejó esta época es arquitectónica. La llegada del ferrocarril trajo nuevas técnicas y estilos que transformaron las fachadas y edificios tradicionales como el Museo Regional de Durango, el Templo del Sagrado Corazón, etc.
En otro aspecto, Martínez Flores fijó su atención en la época dorada del comercio mexicano con el surgimiento imitador francés de las grandes tiendas departamentales en manos de inmigrantes como los alsacianos y los barcelonets, quienes no solo trajeron las últimas tendencias europeas a territorio mexicano, sino que transformaron los hábitos de consumo, marcando para siempre la historia económica y urbana del país, y Durango no fue la excepción.
Durante finales del siglo XIX y principios del XX, diversos comercios adoptaron nombres como Francia Marítima, Fábricas de Francia y Ciudad de París. Estos apelativos no siempre correspondían a una única cadena, sino que se utilizaban estratégicamente para dotar a los negocios de un «caché» de prestigio y moda europea, enlazando a varias familias de inmigrantes dedicadas al comercio.
Mostró también una serie de apellidos franceses que actualmente forman parte del conglomerado duranguense como: Bernadac, Blum, Bonifant, Delhumeau, Duffour, Lombard, Loustaunau, Plauchud, Toulet, Teyssier, Vinay, por mencionar algunos.
Finalmente, condujo la charla hacia algunos datos duros en el que ejemplificó la fuerte influencia de Francia en México a 200 años de relaciones diplomáticas donde existe una comunidad de aproximadamente 250 mil franceses en nuestro país, además de 350 mil estudiantes que muestran predilección por el aprendizaje del idioma galo, sumado a 17 consulados honorarios repartidos y cerca de 700 empresas francesas filiales operando en nuestro territorio, convirtiendo a México en el principal inversionista latinoamericano en Francia.

