- Mientras alguna vida de las que hayamos tocado transforme su rumbo con el tiempo que le dedicamos en el aula, nuestra misión fue cumplida.
Josélo Fuentes Delgado / La Voz de Durango
Ser maestro no es para hacerse rico, es tener la vocación necesaria para quitar la ignorancia de los jóvenes y de los niños, dar conocimiento y enseñar sus primeras letras, el amor a las artes, a la cultura, lograr que esa sencillez se torne éxito más adelante. Se ha caído en el error de pensar que los niños aprenden valores y educación en la escuela, eso es en la casa, en la escuela se pulen esas virtudes como los diamantes en bruto.
Así piensa la maestra jubilada, María Cruz Granados Cabrera, después de 30 años de carrera en la secundaria No. 5 “Guadalupe Victoria”, entrevistada por La Voz de Durango, a manera de reconocimiento en este día especial para todos los docentes, maestras y maestros de todos los niveles que han entregado su vida con paciencia, vocación, amor y mucha esperanza diaria para dar conocimiento a otros, sus alumnos casi hijos prestados por sus padres.
Orgullosamente originaria del antes Distrito Federal, hoy la Ciudad de México, migró a Durango traída por sus padres y se dedicaron al comercio en el Mercado Gómez Palacio y Ex -Cuartel, pero tuvo que enfrentarse a la cerrazón machista de que las mujeres no estudian y se dedican a criar a sus hermanos menores y ayudar en la casa para atender a sus padres.
Cruz María recuerda décadas atrás, cuando vendía en un puestecito sencillo dulces, en la esquina de 5 de Febrero y Patoni, no rebasaba los 10 años y con ello ayudaba a sus padres para sostener a sus hermanos, cuando tuvo que hacer frente a los inspectores pero salió bien librada al citar un apartado del reglamento municipal, como le dijo su padre, y de ahí el jefe de la oficina le tomó respeto al grado de ya no volverla a molestar.
Logró estudiar Trabajo Social y terminar la carrera, pero la docencia la llamaba y pudo homologar sus estudios para llegar a docente de Educación Secundaria en materias de Civismo, Ética, Geografía, logrando estar en contacto con los adolescentes, etapa más difícil de la vida por sus cambios físicos y mentales, en constante conflicto con el orden establecido por los padres y los maestros.
En estas tres décadas agradece mucho a su esposo, Brodelid Martínez Gutiérrez y a sus hijos, por las ausencias, los sinsabores, el tiempo que no pudieron compartir, las enfermedades, los juegos y eventos escolares a los que no pudo asistir, pero logró equilibrar la carrera con la familia a tal grado que sacrificó también tiempo en su carrera magisterial para inducir a sus hijos por el buen camino.
AUTORIDADES DEBEN VOLTEAR A ZONA INDÍGENA
Durante su carrera le tocó ver con dolor la situación de pobreza extrema, de rezago, injusticias y analfabetismo de la zona de El Mezquital y gran parte de sus poblaciones, donde algunos son vegetarianos a fuerza y para no morir de hambre al consumir hongos, nopales, ballusas o flor de un tipo de palmera que crece en zonas del semidesierto, quelites y cuando va bien, frijoles, papas y maíz.
“Como maestros lo que podemos quitarles y cambiar es en despojarlos de su ignorancia, pero nuestros esfuerzos y recursos son limitados para ayudarlos más. Aquí nos preguntamos en dónde están nuestras autoridades, nuestros gobernantes que no atienden una realidad tan cruda y son insensibles a las necesidades de estas comunidades”, concluye la maestra María Cruz Granados Cabrera.

