Por María Teresa Aguirre
Antes que nada, quiero agradecer al Lic. Juan Gerardo Nava Stenner, director de La Voz de Durango, por la oportunidad de escribir para este importante medio.
Vivimos en un país donde no se considera importante la atención psicológica, lo que viene siendo la salud mental, La gente suele decir: “no estoy loco para ir con un psicólogo”, “no lo necesito”, “por qué tengo que hablar de mis problemas con un extraño”. Primero que nada, es muy importante aclarar que no es lo mismo un psicólogo que un psiquiatra. Existe una confusión acerca de estos dos profesionales de la salud. Un psicólogo es la persona que te escucha, que trabaja con la palabra y te ayuda a que estés mejor emocionalmente y te sientas mejor. En cambio, un psiquiatra, es quien se encarga también de la salud mental, pero a nivel médico, puede recetar medicamentos y no necesariamente da psicoterapia.
Aclarando esto, podemos decir que en nuestra cultura no estamos acostumbrados a atendernos mentalmente, solo vamos al médico cuando nos sentimos mal físicamente, pero cuando nos sentimos tristes, ansiosos, enojados, lo dejamos de lado y buscamos qué tomarnos o lo que nos dijeron nos podía ayudar. Y se va al psicólogo cuando ya el problema nos rebasó, no cuando empezó el problema o la situación.
Actualmente, me ha tocado ver muchas situaciones de depresión, de miedo, de ataques de pánico o ansiedad, problemas de conducta sobre todo en los niños, situaciones de violencia familiar, muchos más de los que se veían regularmente. Se han incrementado sobremanera, sin embargo, la gente no hace nada, sigue sin atenderse ante esta importante necesidad. No se diga del aumento considerable de suicidios en nuestro país ante esta pandemia.
A raíz de tanta pérdida que ha surgido, podemos ver un gran número de personas con una profunda depresión, pensando que esto es pasajero y pueden salir adelante sin ayuda, no obstante, se están juntando estas pérdidas con otras y están haciendo más difícil esa posibilidad de salir adelante. Lamentablemente nos ha tocado ver donde familias enteras enferman y mueren dos, tres integrantes de la misma, ¿cómo se puede superar todo esto? Ahí es donde a veces buscan ayuda.
Por otro lado, he podido apreciar tanto en niños como en adultos, situaciones de ansiedad, esos llamados “ataques de pánico” donde la persona tiene síntomas físicos como taquicardia, dolor de cabeza, estómago, escalofríos, sudoración, etc., sin necesidad de tener una enfermedad en sí. Existe en el paciente un miedo a presentar estos episodios de ansiedad, que hacen la vida diaria complicada al no poder dormir, funcionar, trabajar, incluso salir a la calle. Para este tipo de casos, es muy efectiva la Terapia Cognitivo Conductual. El adulto logra entender lo que le pasa y se trabaja en ello. Estas personas sienten que van a morir o les va a pasar algo y sienten que no hay nada que se pueda hacer para estar bien. Con terapia de manera constante y estrategias se puede mejorar, incluso a estar mucho mejor y a aprender a manejar estos síntomas o evitar el ataque.
En cuanto a los problemas de conducta, estos se han incrementado especialmente en niños y no se diga en los adolescentes. Me han buscado los padres de estos chicos para pedir ayuda inmediata porque no saben cómo manejar el comportamiento de sus hijos. Si antes se veía, ahora mucho más. Existe mucho enojo en este grupo de personas, no poder salir y ver a sus amigos, por el cambio que implicó la pandemia en todos los sentidos. Esta población no puede entrar a ningún lado, no puede ir al colegio, salir a jugar, todo el tiempo está en casa acompañado y la mayor parte del tiempo si no está en clases, lo pasa con sus videojuegos y, por supuesto si son juegos violentos, estos generan lo mismo: violencia. Hay quienes retan a la autoridad, desobedecen, faltan al respeto a los mayores, incluso con golpes o empujones, lo cual se sale de control de las manos de estos padres y buscan ayuda con carácter de urgencia.
Otro asunto muy importante a tratar en esta pandemia, es la violencia familiar, por el solo hecho de estar conviviendo 24/7, las familias no estaban acostumbradas y han surgido discusiones en la misma o en las parejas, lo cual ha llegado a provocar separaciones, incluso divorcios. Han sido situaciones muy complicadas a trabajar por los diferentes puntos de vista de ellos y de las familias, además de que se llegan a casos de violencia física y psicológica, también con los hijos. Ahora, a través de la pantalla se se ven frecuentemente los regaños de maestros estresados hacia los alumnos, los cuales se han hecho virales, o a mamás regañando a los niños por no trabajar, inclusive llegar a los jalones al sentarlos en la silla.
Algo que se ha suscitado mucho también en consulta, es el trabajo con pacientes de la tercera edad, los cuales han llegado a atenderse, debido a situaciones de miedo, alguna enfermedad, depresión, se sienten tristes por estar solos o por no poder salir como lo hacían antes, no tienen acceso a muchos lugares por rebasar la edad de 60 años. Tampoco pueden ser visitados por sus nietos, hijos o familiares por ponerlos en riesgo. Es difícil verlos sufrir de esta manera, pero siempre podemos ayudarlos de alguna manera y con el solo hecho de escucharlos, ya es mucho lo que hacemos.
Es lamentable la situación que estamos viviendo, pero siempre podemos hacer algo por los demás y por nosotros mismos, atendiéndonos física y mentalmente. No dejemos de lado esos sentimientos que nos provocan tristeza, ira, ansiedad o temor. Hagamos de este mundo en el que estamos viviendo, un lugar lleno de esperanza, donde confiemos pronto estaremos bien y más fuertes que antes.
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