Ideario

Por Azu Macías

Mi fiesta es mía… La mujer quedó envuelta en cinta adhesiva, le pedíamos que tratara de zafarse, ¿De qué? De todas las cosas de las que ella se agarraba para no avanzar en su vida, que la hacían sentir así, paralizada. Y a veces eso nos sucede en la vida: nos quejamos de ese trabajo que nos hace infelices, pensamos cuándo será viernes, odiamos que llegue el lunes, creemos que esa persona al mando podría ser mejor, si no es que a veces nos hace sentir que nos hace la vida imposible.

Eso nos pasa en muchas otras circunstancias de nuestra vida: con esa relación de pareja en que me siento verdaderamente desgastada,  con algunos familiares que cada que veo me hacen sentir verdaderamente mal conmigo mismo, pero sigo ahí, quizá para complacer ¿a quién? No lo sé bien, pero: tengo.

Tengo que… Esa frase que me han dicho muchos consultantes en esas cuatro paredes color manila que guardan los sillones en que nos acomodamos y también guardan todo lo que ahí se dice, se llora y se sana. Tengo que… Y la lista de vuelve interminable: vestir bien, ser buena hija, esposa, madre, padre, estudiante, novio, seguir trabajando, tener la casa limpia. Les pregunto ¿por qué? y me dicen pues… «Por qué tengo que», ¿para quién? Y generalmente es para alguien más, para alguien ajeno.

Así llegamos a cierta edad confundidos: nos perdimos de perspectiva. Aquí es donde entra mi anécdota: Hace unos días una querida amiga mía publicó un excelente video en el que una mujer narraba que cuando era pequeña y cumplió años se hizo una fiesta en su casa, sus hermanas limpiaron y ella vio que en la mesa había sandwichitos, entusiasmada puso sus pies en el piso encerado y quiso tomar uno, le dijeron: «¡No! ¿Qué haces?», Ella contestó: «Quiero un sandwichito» y le dijeron: «Son para los invitados, no debes comerlos, tienes que esperar» y así creció ella y ¿qué creen? Así crecí yo, así muchos, pensando que la fiesta (en honor nuestro) era para que los demás disfruten, y que uno «tiene que»  mantenerse bien vestido, bien arreglado y hasta cansado para que los demás disfruten el festejo de uno.

Pues demos una perspectiva diferente, somos quienes podemos decidir sobre lo que sucede y no solo hacerlo para los demás o porque tenemos que volver a ser centro de nuestra perspectiva, porque la fiesta es nuestra y la vida también.

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