>El Templo de San Agustín brilló con la música religiosa de la agrupación universitaria perteneciente al IBA-UJED.
Por Juan José Nava / La Voz de Durango
La Orquesta de Cámara de la Universidad Juárez del Estado de Durango (OCUJED) perteneciente al Instituto de Bellas Artes de la máxima casa de estudios (IBA-UJED) presentó con éxito el concierto “Las Siete Palabras”, un evento que brilló con intensidad durante la noche del jueves 12 de marzo en el Templo de San Agustín.
Bajo la dirección del músico invitado Omar Sadith Del Ángel Sánchez, la agrupación se adelantó a la semana mayor del año, como una invitación para reflexionar, estar preparados y sobre todo, recordar, mediante la música, la misión de Jesús, enfocándose en la redención y en el amor.
Las siete últimas palabras de Cristo en la cruz, inspirado en la música del austriaco Joseph Haydn, a menudo se acostumbra a realizar este sermón durante el Viernes Santo, enfocándose con una reflexión en cada frase, mismas que fueron recordadas en súbitas pausas con la intención de sacudir fibras sensibles, permanecer atento a la escucha y ante todo, dejarse llevar por el contexto musical.
LAS SIETE ÚLTIMAS PALABRAS DE CRISTO EN LA CRUZ (CONTEXTO)
En la década de 1780, Haydn era una celebridad en toda Europa, con encargos que iban mucho más allá de los límites de la familia Esterházy; siendo en esa epoca una influyente dinastía de magnates nobles húngaros leales a los Habsburgo y grandes propietarios de tierras desde el siglo XVII en el Imperio Austrohúngaro. Conocidos como mecenas de las artes, construyeron el palacio de Fertöd («Versalles húngaro») donde vivió Joseph Haydn. Tal vez el encargo más inusual fue la carta en latín de un clérigo de la iglesia de Santa Cueva en Cádiz, España, en 1786, solicitando una pieza orquestal para usarla en los servicios del Viernes Santo.
El plan era el equivalente contemporáneo de una obra multimedia dramática, basada en las siete frases que Cristo pronunció desde la cruz, tal como está escrito en la Biblia.
La oscura iglesia estaba cubierta de negro, con una sola lámpara central.
La música de Haydn introducía los procedimientos, y luego el sacerdote presidente pronunciaba las primeras palabras, con una breve meditación, seguida de una pieza de Haydn que expresaba el texto musicalmente. Las otras seis palabras, con la música correspondiente, siguieron en secuencia, con una pieza final que representaba el terremoto que ocurrió en la muerte de Cristo.
La primera actuación pública fue el Viernes Santo, el 6 de abril de 1787, en Cádiz.
Haydn etiquetó cada una de las siete piezas que representaban las siete palabras o escenas como «Sonata». «Cada sonata, o cada ajuste del texto, se expresa sólo con música instrumental, pero de tal manera que crea la impresión más profunda incluso en el oyente más inexperto» escribió Haydn al editor inglés William Forster dos días después del estreno en Cádiz. Cada uno de estos movimientos lentos está también en la forma de sonata clásica definida tonalmente, a menudo en el característico enfoque monotemático de Haydn.

