Después de los 90 minutos

Por: José Adrián Ayala Simental

 

Hay silencios que pesan más que cualquier derrota. El silbatazo final suena, el partido termina y, aunque el marcador se apaga, por dentro comienza una batalla que pocos ven. Después de los 90 minutos no solo acaba un juego; muchas veces se rompe un sueño construido durante años, una identidad que se sostuvo con sacrificios, madrugadas, renuncias y una fe constante en “algún día”.

Para muchos jóvenes, el deporte no fue solo una actividad, fue su forma de pertenecer, de sentirse valiosos, de imaginar su futuro. Cuando ese camino se cierra —por una lesión, una decisión técnica, falta de oportunidades o simplemente porque el nivel no alcanzó— aparece una pregunta dolorosa:

¿Y AHORA QUIÉN SOY?

Si ese momento no es acompañado emocionalmente, el vacío puede transformarse en frustración crónica, enojo, culpa, ansiedad, conductas de riesgo o una profunda sensación de fracaso personal.

Aquí es donde padres, entrenadores y formadores dejamos de ser espectadores y nos convertimos en guías. Porque entrenar para ganar es importante, pero acompañar cuando no se gana es indispensable. No basta con discursos motivacionales ni con frases hechas. En ese momento el joven necesita presencia, escucha y una nueva narrativa que le ayude a reconstruirse.

Acompañar después de los 90 minutos es, muchas veces, el entrenamiento más importante de todos.

  1. VALIDAR LA PÉRDIDA EMOCIONAL (SIN MINIMIZARLA)

Lo primero es comprender que sí hay una pérdida real. Aunque no haya contratos ni reconocimiento público, el joven perdió un proyecto de vida, una ilusión y una versión de sí mismo que imaginó por años. Minimizarlo con frases como “no pasa nada”, “ya vendrá algo mejor” o “la vida sigue” suele cerrar la puerta al diálogo emocional.

Validar implica permitirle sentir, llorar, enojarse y expresarse sin corregirlo de inmediato. Decirle: “Tiene sentido que te duela”, “diste todo y perder eso pesa” no lo debilita, lo humaniza. Cuando un joven se siente comprendido, baja la defensa y comienza el verdadero proceso de sanación.

LAS EMOCIONES NO EXPRESADAS NO DESAPARECEN; SE TRANSFORMAN EN PROBLEMAS FUTUROS.

  1. SEPARAR EL SUEÑO DEL VALOR PERSONAL

Uno de los golpes más fuertes aparece cuando el joven comienza a creer que él es el fracaso. Aquí es donde el acompañamiento emocional se vuelve clave. El mensaje debe ser claro y repetido: no lograr una meta no te define como persona.

Es necesario ayudarle a reconocer todo lo que el deporte sí le dio: disciplina, constancia, tolerancia a la frustración, trabajo en equipo, hábitos, resiliencia y carácter. El sueño puede terminar, pero la formación permanece.

Cuando el joven logra entender que su valor no dependía de un resultado, empieza a mirarse con mayor compasión y realismo. Y desde ahí, se vuelve posible construir algo nuevo sin cargar con la etiqueta de “no fui suficiente”.

  1. CONSTRUIR EL ¿Y AHORA QUÉ? CON DIRECCIÓN, NO CON PRESIÓN

Después del duelo llega la pregunta inevitable: ¿qué sigue ahora?

Aquí es donde muchos adultos cometen el error de acelerar el proceso: exigir decisiones inmediatas, comparar con otros o imponer caminos. El joven no necesita prisa; necesita dirección y acompañamiento.

Explorar intereses, reconocer habilidades fuera del deporte, hablar de estudios, trabajo, nuevos roles o incluso otras formas de seguir vinculados al deporte debe hacerse con calma y sentido. No se trata de llenar el vacío rápidamente, sino de construir un nuevo proyecto que también tenga significado.

En muchos casos, el acompañamiento psicológico profesional marca una diferencia enorme entre un joven que se queda atrapado en el pasado y uno que logra resignificar su historia.

Después de los 90 minutos es donde realmente se mide la calidad humana de quienes rodean a un deportista. Porque formar no es solo preparar para competir, sino enseñar a cerrar ciclos, tolerar la frustración y volver a empezar con dignidad.

El sueño puede no cumplirse, pero la vida no se acaba ahí. Y cuando hay guía emocional, empatía y dirección, lo que parecía el final puede convertirse en el inicio de una versión más consciente, más fuerte y más completa del joven que hoy necesita ser acompañado.

Related Articles

[td_block_social_counter facebook="tagdiv" twitter="tagdivofficial" youtube="tagdiv" style="style8 td-social-boxed td-social-font-icons" tdc_css="eyJhbGwiOnsibWFyZ2luLWJvdHRvbSI6IjM4IiwiZGlzcGxheSI6IiJ9LCJwb3J0cmFpdCI6eyJtYXJnaW4tYm90dG9tIjoiMzAiLCJkaXNwbGF5IjoiIn0sInBvcnRyYWl0X21heF93aWR0aCI6MTAxOCwicG9ydHJhaXRfbWluX3dpZHRoIjo3Njh9" custom_title="Stay Connected" block_template_id="td_block_template_8" f_header_font_family="712" f_header_font_transform="uppercase" f_header_font_weight="500" f_header_font_size="17" border_color="#dd3333"]
- Advertisement -spot_img

Latest Articles