Por: Alejandra Solís
Estimados lectores, la semana pasada una paciente me dijo algo que me quedé pensando por días: «Ya tengo 45 años, es normal que me duela la espalda, ¿verdad?» Esta frase, que escucho más seguido de lo que me gustaría, revela una creencia peligrosa que se ha normalizado en nuestra sociedad: que el dolor es una consecuencia inevitable del paso del tiempo.
LA GRAN MENTIRA DEL «ES NORMAL A MI EDAD»
Permíteme ser clara: el dolor no es normal a ninguna edad. Que sea común no significa que sea normal. Si fuera así, también tendríamos que aceptar que es «normal» no poder jugar con nuestros nietos, no poder cargar las compras del super, o despertarse cada mañana con rigidez y molestias.
El dolor es una señal de alarma del cuerpo, no un certificado de garantía vencida. Y como toda señal, está pidiendo nuestra atención para que hagamos algo al respecto.
¿POR QUÉ CREEMOS QUE EL DOLOR ES INEVITABLE?
Porque vemos a nuestros padres y abuelos quejándose de sus achaques, y pensamos que es parte del proceso natural. Porque la publicidad nos bombardea con analgésicos como si fueran la solución mágica. Porque es más fácil aceptar que «ya estoy viejo» que comprometerse con un proceso de cambio.
La realidad es que el dolor crónico, especialmente en personas activas o que practican deportes, tiene patrones muy específicos. No aparece de la nada – es el resultado de años de movimientos repetitivos sin la variedad y el descanso que el cuerpo necesita.
LA TRAMPA DE LAS SOLUCIONES RÁPIDAS
Aquí viene algo que puede sonar contradictorio: la forma de sanar a veces va en contra de nuestra intuición.
Cuando algo nos duele, queremos que pare YA. Tomamos pastillas, pedimos masajes más dolorosos, buscamos que nos truene en el quiropráctico. Y aunque estas soluciones pueden darnos alivio momentáneo, rara vez abordan la raíz del problema.
El cuerpo es sabio, pero también es terco. Ha aprendido patrones de movimiento durante años – algunos buenos, otros no tanto. Cambiar estos patrones requiere tiempo, paciencia y, sobre todo, un plan estratégico. O, como se le dice en fisioterapia, un plan de tratamiento.
EL DEPORTE: BENDICIÓN Y MALDICIÓN
Para los deportistas, esta situación se vuelve aún más compleja. El deporte es la repetición constante de ciertos movimientos: el futbolista que patea mil veces con la misma pierna, el corredor que repite el mismo patrón de zancada kilómetro tras kilómetro, el nadador que entrena la misma brazada para su competencia…
Esta repetición sin variedad es como usar siempre el mismo camino para llegar a casa – eventualmente, se va a crear un surco tan profundo que será difícil salir de él.
LA IMPORTANCIA DE «HACER ZOOM OUT»
Cuando tenemos dolor, tendemos a enfocarnos únicamente en la parte que duele. «Me duele la rodilla, entonces el problema está en la rodilla.» Pero el cuerpo no funciona por partes aisladas – funciona como un sistema completo.
A veces, ese dolor de rodilla viene de una cadera rígida. O de un tobillo que perdió movilidad después de un esguince que no se atendió bien.. O de músculos del core que dejaron de hacer su trabajo correctamente.
Por eso necesitas a alguien que te ayude a ver el panorama completo. Alguien que entienda cómo cada parte se conecta con las demás y que pueda identificar no solo dónde duele, sino por qué duele.
EL COMPROMISO CON LA SANACIÓN
Aquí viene la parte que nadie quiere escuchar: sanar requiere compromiso. No el compromiso para tomarte religiosamente tus pastillas, sino para cambiar hábitos, aunque sea incómodo al principio.
Significa hacer ejercicios que tal vez no te gusten o encuentres difíciles. Significa modificar tu rutina de entrenamiento para incluir variedad. Significa ser consistente con el plan, incluso cuando no veas resultados inmediatos.
Pero aquí está la buena noticia: sí es posible volver a sentirse normal.
Hay pacientes de 60 años pueden recuperar movimientos que creían perdidos para siempre. Hay atletas que vuelven a su deporte después de lesiones que parecían definitivas.
MI RECOMENDACIÓN
Si tienes dolor crónico y has normalizado vivir con él, te pido que reconsideres esa decisión. Tu cuerpo no te está pidiendo que te resignes – te está pidiendo que busques ayuda.
No hacen falta curas milagrosas, sólo hay que encontrar a un profesional que:
- Vea tu cuerpo como un sistema completo
- Identifique los patrones que están causando tu dolor
- Diseñe un plan específico para tu situación
- Te acompañe en el proceso de cambio
Porque, el dolor tal vez sea común, pero definitivamente no es normal. Y mereces vivir sin él.
Si buscas orientación para identificar los patrones que están causando tu dolor y crear un plan integral de recuperación, agenda una evaluación en sitio de Fisioterapia Funcional, contáctame en FISIOTERAPIA FUNCIONAL — Bio Site