- Una aventura de 200 kilómetros narrada por la ciclista Ivette Díaz.
- Esta edición del GFCoconal superó mis expectativas por mucho.
Genaro Gabriel Ascencio Ortega
La Voz de Durango
“Cada año, los que practicamos el ciclismo, sabemos que se organizan varios eventos que son algo así como una seguridad y en los que vale la pena participar, por la logística, el Gran Fondo Coconal, este evento tiene unos 9 años llevándose a cabo y desde la primera edición me gustó mucho, primero por la distancia, son 200 kilómetros y a cualquier ciclista le parece atractivo, el grupo de amigos con los que yo entreno, desde que inicia el año sabemos a cuales eventos queremos asistir y el Coconal siempre está en la lista”, dijo Ivette Díaz.
LA NATURALEZA SU GUÍA
“Porque además el recorrido tiene varios matices, en el primer tramo, pues la adrenalina, el frillito del amanecer, esos 55 primeros kilómetros antes de llegar al primer abasto que es en Guadalupe Victoria son como que donde vas agarrando pilas, la mente de pronto te pregunta ¿Qué andas haciendo acá?, pero conforme va subiendo el sol y vas saludando gente empiezas a agarrar calor y los columpios antes de ese primer abasto te ponen en actitud para continuar, salimos del primer abasto rumbo al 2do que es en Yerbaniz, llegar a ahí nos costó un poco de trabajo porque el aire estaba fuerte y venia en contra, hay que hacer un muy buen trabajo de equipo o agruparnos los mas que podamos porque de no hacerlo podemos tronar y no dar más”, compartió.
MITAD DEL TRAYECTO
“Llegamos a Yerbaniz, este evento tiene como característica, ser de los mejores atendidos en cuanto a comida y abastecimiento, siempre hay fruta, bebidas, comida, pasteles, galletas de avena y granola, agua que nunca debe faltar, ahí ya llevamos 100 kilómetros encima, pero la actitud a tope, hay quienes escogen la opción de 100 km y ahí terminan, yo he ido por los 200 kilómetros y es muy padre. Salimos de Yerbaniz con rumbo a Cuencamé y agarramos un excelente pasito vamos rotando la punta del grupo para evitar la fatiga e irnos ayudando entre todos, vamos bromeando, de pronto se hacen los piques en la subida y a pesar de que ya traemos cansancio acumulado, mantenemos buen ánimo, llegamos a Cuencamé que es el tercer abasto, ahí rapidito, rellenar ánforas de agua, algo de comida o ir al baño si ocupas, pero de volada porque no debemos enfriarnos o nos va a costar arrancar de nuevo.
EL ULTIMO TRAMO
“Adelante de Cuencamé está el coco de la ruta, una subida tendida que ya con casi 180 kilómetros cuesta, por ahí también hay un abasto casi como de emergencia porque esa subida denominada Chocolate cuesta, pasamos chocolate bien, subimos a buen ritmo y muy contentos porque ya es la recta final del recorrido por lo que la mayoría nos vamos a tope para cerrar lo más fuerte que se pueda y lograr un mejor tiempo en nuestro chip, aunque en ese tramo ya los calambres hacen presencia, la fatiga ya se anda asomando y el sol también hace lo suyo, sin embargo casi todos pensamos: ya es lo último, y dejas todo, hay unos columpios antes de alcanzar a ver la caseta y esto ayuda a la recuperación y un buen ritmo, al fin ves la meta y se te llena el corazón de pensar: Lo Logre y recibir mi medalla”, concluyó.

