Por Azu Macías
El divorcio en la familia… El duelo por divorcio se vive desde diferentes dimensiones, la mujer pierde no solo a su pareja sino también la función que realizaba el padre en la convivencia diaria con los hijos quienes tienen su propio duelo. El duelo es un conjunto de reacciones emocionales, físicas, cognitivas y espirituales que cada persona experimenta de un modo peculiar, con un ritmo y una intensidad propios.
Se vive el duelo de un estilo de vida que incluye ciertas actividades y costumbres que se habían conformado con los años, hábitos de educación y crianza, así como también el manejo económico, incluso domicilio, muebles o escuelas. A pesar de todo este cambio podría considerarse que se vive como un «duelo desautorizado» porque socialmente cuando por ejemplo fallece un familiar hay un permiso social y laboral que permite recibir la noticia, tomarse unos días y acomodarse en la primera etapa del duelo, lo que generalmente no ocurre con el divorcio, haciendo que las personas de un día a otro tengan que continuar con sus vidas, en muchos de los casos se evita hablar del tema.
El duelo es en parte individual pero también compartido porque se pierde la imagen de la familia como se conocía y se empieza una familia de forma distinta, entonces cada persona tendrá necesidades específicas sobre su pérdida que estarán influidas por la forma en que toda la familia permita afrontar lo sucedido, la forma en que asumen sus emociones, si se permite hablar de las desagradables para fomentar el apoyo mutuo o si prefieren no hacerlo, guardándolas y promoviendo cierta sensación de distanciamiento.
El respeto a la forma en que el otro trabaja su duelo es esencial, esto de forma individual, pero de forma grupal se revisan los roles porque tendrán que repartirse las tareas asociadas a quien se fue del hogar. Si bien ya hay hogares en que los hijos se quedan bajo la custodia paterna, mayormente en Latinoamérica siguen siendo las mujeres quienes se quedan con la custodia de los hijos.
No es solo un trabajo con las emociones sino una reorganización del sistema familiar, que incluso va pasando por incluir a nuevas parejas de ambos padres. De manera individual hay que reconocer las emociones y de manera familiar poder compartirlas, algunas familias podrían emplear un ritual para despedirse de la familia como la conocían y darle la bienvenida a la nueva organización.
Cambiar la perspectiva de la familia es importante, decir que la familia «se acabó» es impreciso porque hay tantas modalidades de familia en la actualidad que más bien sería asumir que «se acabó» como la conocían, pero inicia una nueva experiencia de familia.

