Por Azu Macias
Límites y autenticidad… ¿Qué son los límites? Son las fronteras que sirven para separar estados, objetos, propiedades, nuestra piel separa una conducta de otra, pero también se aplican a las conductas (lo que es permitido y lo que no) como el límite de velocidad, por decir algo. Dentro de las relaciones también existen los límites que comienzan con lo que uno puede hacer con su cuerpo y el del otro, con respecto a las ideas de los demás, con cómo permitimos que nos traten y cómo tratamos a otros.
Parece ser un tema sencillo, pero en una sociedad en la que a las mujeres se nos enseña de pequeñas que las niñas calladas se ven más bonitas y que es de mala educación decirle a un adulto que no queremos hacer algo, el tema de poner límites se convierte en todo un reto para mantener nuestra seguridad emocional y física. El tema de los abusos sexuales desafortunadamente es un tema relacionado con la falta de límites, por ejemplo, cada vez que un niño no quiere saludar de beso a un adulto y se le obliga, de alguna manera le ayudamos a dejar de comprender las incomodidades que le susurra su cuerpo ante los de otros y que es mejor hacer cosas que no les gusten que ser maleducados.
Hace pocos meses en un lugar donde acuden personas distintas a bailar salsa, me encontraba feliz en compañía de varias mujeres y un hombre, ante una negativa a una petición de bailar porque deseaba descansar escuché la frase: “Nunca debes decir que no cuando un hombre te invita a bailar, porque no te volverá a invitar”, me sorprendí de que ese tipo de mensajes sigan vigentes solo para no ser “mal educada”.
Las mujeres tenemos el mensaje de que ser agradables y parecer disponibles es una buena cualidad: estar disponibles a hacer favores por ejemplo, con lo que he escuchado mujeres a las que decir No les cuesta un verdadero esfuerzo, o por lo menos decir No sin sentirse culpables. Así vamos transitando en el terreno del agotamiento de fuerzas porque tampoco nos ponemos límites a nosotras mismas, lean la siguiente frase: “-Mamá ¿qué es rendirse? –No sé hija, nosotras somos mujeres”.
“Es verdad”- me dijo ella- “siempre me siento mal cuando digo que no”. Y es que a un No, siguen muchas explicaciones (o pretextos) para que no descubran que no tenemos ganas, o dinero, que no estamos de acuerdo o que algo no nos gusta. Se sigue transmitiendo de esta manera una visión de la vida donde permitimos los abusos: los nuestros y los de otros en cara del jefe, amigos, la pareja e incluso nosotros mismos.
Los límites según he aprendido, aparecen cada vez más fácil cuando uno aprende a escucharse, porque los límites vienen acompañados de ser auténtico y la tarea empieza por escucharnos, a nuestro cuerpo y ver las opciones que se presentan para elegir la que no nos haga sentir mal con nosotros mismos.

