Ideario

Por Azu Macías

Del cautiverio a la espiritualidad… a la luz de los acontecimientos actuales, el hogar deviene para muchas mujeres y niños como una prisión, pero no solo para ellos, sino para muchos que aún sin condiciones mayores de violencia en casa sus sensaciones les llevan a experimentarse igual de presos, bien sea por sus malestares internos que pueden ir desde los pensamientos recurrentes hasta las relaciones que mantienen con la escuela de los hijos, sus roles establecidos que los ahogan y hasta la relación de pareja marchita. Por otro lado tenemos a quienes tienen preso el cariño en el cuerpo por no poder abrazar a los hijos y los nietos, a los sobrinos, a los padres.

Parece que no solo hemos visto muros de piedra, hemos experimentado aquellos invisibles muros de la distancia que nos separa unos dos metros en las simples charlas. Los días terrenales van pasando detrás de caretas de plástico, tela o cualquier otro material que se nos atraviese frente a la nariz y la boca, en una “deformación” de lo que conocíamos como realidad.

Pero para muchos la realidad previa no era del todo satisfactoria, esa realidad enajenada que nos mantenía detrás de los dispositivos, pero sin comunicarnos, corriendo en la búsqueda de más adquisiciones materiales sin importar el costo para nuestra salud, nuestra tranquilidad, la de los animales o el planeta. Aún así, ahora muchos empresarios han mostrado su verdadera solidaridad con los empleados que les han acompañado, muchos comparten el pan, otros comenzaron a reflexionar sobre la importancia del cuidado del ambiente, sobre el valor del cariño, la compañía, la libertad y la salud.

¿Dónde colocar todas aquellas cifras diarias? Esas que quisiéramos pertenecieran a una película de ficción, ¿dónde colocar el miedo hacia algo invisible? ¿cómo se comprende que bajo estas circunstancias difíciles algunos no sean solidarios sino que decidan dañar a otros? ¿cómo ajustar tanta contrariedad respecto a las disposiciones de salud?  Y es que Elba Sánchez en Cautiverio y religiosidad en el luto humano de José Revueltas, señala: “La cárcel afectiva que incomunica conduce a un cautiverio mental donde se hacen posibles todo tipo de fanatismos”.

Todos hemos tenido discursos más bien estruendosos con otros y con nosotros mismos, y si bien la información es importante, tal vez la respuesta a las preguntas sobre la comprensión  y el sentido no provengan de los noticiarios, sino de la parte espiritual dormida (no aquella del pecado y el mito) sino desde la conexión con los sentidos, los para qués y los aprendizajes, que permita sentir que aunque las circunstancias puedan despojarnos de ciertas “normalidades”, siempre podremos calmar la tempestad interna mediante la mirada superior, Víctor Frankl (superviviente de los campos de concentración en el Siglo XX) mencionó: “Lo espiritual no es añadido, es la verdadera dimensión del existir humano”. La espiritualidad sea pues la salida al cautiverio externo, la mirada y escucha a la voz interna.

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