Por Azu Macías
Muchas cosas, poco sentido… Actualmente muchos adultos nos encontramos en una carrera laboral bastante apresurada que nos invita a tener ocupaciones que llenan el día y dejarnos con la sensación de que faltaron horas. Incluso he conocido familias que me comparten las múltiples actividades extraescolares en las que están involucrados sus hijos y que van desde el deporte hasta algunas artísticas que les permiten explorar diversas habilidades y facetas de su personalidad, lo cual es muy bueno.
Aún así parece que en esta carrera podemos sentir chicos y grandes que aunque el tiempo transcurre rápido, aquello en lo que lo estamos ocupados puede llegar a carecer de sentido. Explicaré a qué me refiero: Recientemente conocí a un chico a quien llamaré Samuel, quien es un deportista de alto rendimiento, con excelentes calificaciones en la escuela, disciplinado y en general sus padres lo consideran buen hijo, pero en alguna de las charlas su comentario me dejó pensando: “¿Y si ya no fuera a ese deporte? ¿Y si tuviera más tiempo libre por las tardes, en las que no hiciera simplemente nada?” le preguntó él a su mamá; él estaba demandando que esa actividad a la que le estaba dedicando tanta energía y tiempo de su vida tuviera un sentido.
Otro caso es de la joven que llamaré Sandra, quien entró a una carrera que siempre había deseado y tras el primer semestre sintió deprimirse porque no le encontraba chiste a los temas que estaba estudiando ahí, ella también requería darle sentido a su experiencia. Para mí este es uno de los grandes retos de la época que estamos viviendo, porque parecería que aunque nos ocupamos mucho y algunas cosas son más fáciles o están más disponibles, a veces la vida parece carecer de sentido para muchos y ¿qué es este sentido? Puede asimilarse a la pregunta que empieza a aparecer en la mente de forma pasajera y que puede llegar a quedarse estancada impidiendo que otras ideas entren: “¿Para qué?”.
Según Víctor Frankl, creador de la Logoterapia, quien fue sobreviviente de los campos de concentración en el Siglo XX, cuando no tenemos un sentido de vida nuestra motivación primordial es la búsqueda del placer o del poder y cuando esto no se consigue viene una devastadora frustración; pero para él la felicidad es más bien el resultado directo de tener un sentido, una respuesta a ese para qué y después buscar el cómo, recuperando la fe en el futuro a pesar de todas las circunstancias del exterior.
Busquemos nuevamente sentido a lo que hacemos, que vaya más allá del placer inmediato, del poder que da determinada actividad, pertenencia o puesto. Recordemos que el sentido del videojuego pueda ser compartirlo con alguien más, que el sentido del deporte pueda ser disfrutarlo o ingresar a una universidad o ir a los juegos olímpicos para que cuando esté viejo tenga esa aventura que contar, que el sentido de la bonita casa que construyo sea que los que amo estén cómodos, pero sin olvidarme de estar en ella, ¿qué sentido tiene lo que usted está haciendo hoy? ¿Cómo puede favorecer que sus hijos encuentren el sentido a lo que hacen? Es una buena tarea.

