Por Azu Macías
Cultivo para enfermedades… tiene una mezcla particular que está basada en el control y la negativa hacia el fluir de la vida y sus acontecimientos. No hablamos aquí de todas las enfermedades (no deseo que la comunidad científica se vuelque después contra una generalización no intencionada), hablo de aquellas que tienen una particularidad que es la siguiente: nacen de las emociones.
Habrá quien diga que la mayoría de las enfermedades nacen de las emociones, no he encontrado mi postura al respecto, pues no puedo exentar a los agentes externos como los virus, contaminantes, exceso de conservadores, pesticidas y otros procesos superficiales que se agregan a los alimentos que consumimos diariamente y posiblemente ya no aporten los mismos nutrientes, pero eso de lo dejaremos a los científicos expertos en la materia de la medicina.
Las enfermedades de las que les hablo tienen su origen en nuestra más temprana educación y han contribuido a ellas las instituciones y la cultura, es por ello que cada época y cada región suele tener manifestaciones de enfermedades distintas. Este entrenamiento es variado de cultura en cultura, en la nuestra aún viene acompañado de mensajes como: los niños no lloran, las niñas que se enojan se ven feas, el que se enoja pierde, la muerte es lo peor que a uno le puede pasar, el mejor remedio para todo es el trabajo, déjelo solo o lo va a embrasilar, que llore solo para que se curta…
Vaya elementos que se van juntando para que en determinado momento tengamos el cultivo perfecto de la enfermedad psicosomática: comienza con el dolor de cabeza que no se quita, o la alergia que no nos deja en paz en ningún momento y que tenía años que no se presentaba, el malestar estomacal tras haber tenido una junta de trabajo, el salpullido después de un ataque emocional, la gastritis en periodos elevados de estrés, los mareos ante decisiones importantes o pérdidas.
Escuché de una amiga querida: ¿Hice mal en enojarme? Reconocí esa culpa de inmediato, la que da cuando uno quiso controlar una emoción y no pudo, entonces tras muchos intentos del alma por salir a flote para decir: “¡Hey! Yo siento” y no ser escuchada, se entrega a su aliado el cuerpo para que grite lo que en susurros nos negamos a atender… y el malestar surge.
Querer controlar todas las emociones y las reacciones no parece habernos funcionado mucho ¿cierto? Se corre un riesgo importante que muchos adultos pagamos sin saber, después nos preguntamos por qué nuestra vida ha perdido color y se ha vuelto mecánica, por qué nos atacan los malestares del cuerpo, tengo una posibilidad: nos da miedo sentir y ese miedo nos conduce a querer controlarlo todo, lo que tiene como consecuencia dejar de lado la espontaneidad que da el “ser” ¿Quién no se va a sentir solo si no muestra a los demás su “ser”, si los demás no han tenido tiempo de conocerle porque uno no se ha permitido expresar sus emociones auténticamente?
“Tratar de controlar nuestras propias reacciones sin conseguirlo es el guion que conduce a la esclavitud del miedo”. Giorgio Nardone.

